Escúchame | Desde el otro lado

¡Hola, lectores! Hoy estoy muy emocionada porque empieza una nueva sección en el blog. Hace tiempo hice una encuesta por Twitter en la que os preguntaba si participaríais en una iniciativa colaborativa, y para mi sorpresa, la idea tuvo muy buena acogida. Es por ello que aquí llega la primera entrada de esta nueva iniciativa que he bautizado como “Escúchame”.

¿En qué va a consistir esta sección? Pues es muy sencillo, yo voy a ceder el espacio de mi web a quien desee hacerse escuchar, a todo aquel que tenga algo que decir, sobre lo que sea: una noticia reciente, un pensamiento, un problema… Esa persona que quiera participar puede hacerlo tanto bajo su nombre o un pseudónimo, como anónimo. Podéis hacérmelo llegar mediante este correo electrónico con el asunto “iniciativa escúchame”: gasanz.esther27@gmail.com y en el cuerpo de mensaje decid claramente cómo queréis firmarlo.

Yo me encargaré de corregirlo y maquetarlo en el blog. Cabe decir que publicaré todo aquello que me llegue siempre y cuando sea respetuoso, no incite a la violencia o al odio, o dañe a alguna persona.

Pues aquí os dejo el primer texto. Espero que os guste.

Desde el otro lado.

Sé que hay gente que se sentirá como yo, gente a la que el resto del mundo le ha fallado, gente a la que el peso de los problemas diarios le acaba superando, gente que pese a tener cosas por las que dar gracias ya no quiere darlas, gente que ya no llora, solo sigue.

Quien lea esto probablemente esté en un lado u otro del problema, el que lo sufre o el que lo provoca. Porque la inacción no te hace inocente, sino cómplice. Porque era más sencillo mirar a otro lado e ignorar el sufrimiento ajeno sin saber el daño que eso podía causar también. La soledad es un enemigo muy fuerte, y muchos lo habéis alimentado.

¿Cuánto daño creéis que podían hacer vuestras palabras? ¿Vuestros actos? No erais capaces de imaginar el daño que todo eso podía causar, todo lo que hicisteis y lo que no. Era tan sencillo como pensar en la situación del otro y conociéndolo, saber cómo reaccionaría ante algo. A veces una broma no lo es, a veces queda algo más susurrándote al oído, haciendo crecer tus miedos, tus inseguridades, alimentando todo aquello que constantemente te está consumiendo.

A día de hoy me doy cuenta de que no mucha gente se siente así, y los pocos que se sienten así siguen siendo anónimos, siguen en silencio, esperando que algo mejore. Pero sabemos que eso no va a pasar, porque también hay dos clases de personas, a los que les va bien y a los que no, ¿acaso habéis pensado en ese señor que anda pidiendo dinero para comer? ¿En ese vagabundo del que se ríe la gente? ¿Os habéis parado a pensar por un instante en que esa persona también tuvo una infancia y unos padres? ¿Que también iba al colegio, se enamoró, tenía planes de futuro…? Por unas cosas u otras su futuro se dobló y ha acabado así. Pero a la gente como nosotros, las cosas que nos han pasado, que nos han acabado haciendo débiles, diminutos, sumamente insignificantes, para nosotros el futuro no se dobla, se rompe.

Nosotros seguimos siendo personas, tenemos unas características, unas cualidades y, pese a poder coincidir en muchas cosas con la sociedad, seguimos siendo únicos y la gente no entiende el daño que puede hacer al obviar eso. Sigo sin entender muchas cosas, como el por qué la sexualidad es motivo de discriminación, tu orientación motivo de burla, tu pelo motivo de rechazo, tus gustos motivo de exclusión. ¿Por qué no puedes simplemente respetar a la gente? 

Imagino que a este punto solo habrán llegado los que hayan sentido un dolor parecido alguna vez, los causantes ya habrán abandonado, no hay nada más importante que ellos y su tiempo. Gente así sobra en tus amigos de Facebook, en tus seguidores de Instagram. Vivimos pensando en la opinión del resto, en el qué dirán. Sin embargo, cuando evolucionas y haces las cosas porque a ti te gustan, y no porque el resto tenga que aprobarlas, vuelves a ser el centro de atención de todos aquellos que, sin conocerte, sin haber pasado mas de 10 minutos en tu vida, opinan sobre qué deberías hacer, qué deberías llevar, qué deberías sentir. Se pasan la vida dándote lecciones sobre cómo vivir tu vida sin pensar un segundo en qué es lo que realmente quieres, y aquí es donde se encuentran los padres, los familiares, tu círculo más estrecho.

Son aquellos que desde que eres pequeño te están diciendo cómo debes ser, qué deberías estudiar, qué tienes que hacer si no quieres acabar como este o aquel… Te dan la vida y esperan moldearla a su gusto, pero ¿qué puedes hacer si dependes de ellos durante una larguísima etapa de tu vida? No siempre tienes edad de encontrar un trabajo, y cuando la tienes nadie te quiere porque no tienes experiencia, no estas cualificado, tienes que seguir formándote… Y está claro, no siempre las cosas salen mal, a veces directamente no salen. 

Cuando te das cuenta no puedes hacerte un piercing o un tatuaje, eso es de delincuentes te dicen; no te cortes así el pelo, pareces un chico, o no te lo dejes largo, pareces una chica. Tienes que escuchar comentarios despectivos sobre la ropa que llevas, sobre lo que llevas encima porque a ti te gusta, más luego oír comentarios sobre gente que has elegido que estén en tu vida y que no son de su agrado. Son tu jefe sin haber firmado ningún contrato.

Y todo esto si con suerte formas una “unidad familiar”, pero ¿y cuando en tu casa hay gritos y violencia? Pasas de vivir en el hogar que te vio crecer, a la casa que te ve marchitar. Y cuando falta un padre, una madre, ¿y cuando faltan ambos? Esa gente no ha podido sentir muchas cosas, a veces afortunadamente, otras no tanto, pero al fin y al cabo no han podido vivirlas, ¿habéis pensado el vacío que a veces sienten? 

Luego están los amigos, tu otro círculo más próximo, aquellas personas que en algún momento dejaste entrar en tu vida, ya fuera porque pasasteis un buen rato, porque teníais cosas en común o bien por cualquier otro motivo. La palabra amigo se toma muy a la ligera y yo soy el primero en hacerlo, y no es mentira que los amigos de verdad los cuentas con los dedos de una mano. A veces te sobran dedos, a veces la mano. 

No todo habrá sido malo, pero a lo largo de la vida todos hemos sido traicionados por alguien en quien confiábamos, y todo eso hace mella, hace que la confianza en la gente mengüe, hace que llegado el día te plantees si hasta la gente que no te ha fallado todavía, lo hará más adelante. En vosotros hemos depositado nuestra confianza, sois vosotros los que habéis tenido la posibilidad de herirnos, la posibilidad de hundirnos, y a veces, lo habéis hecho. ¿Cuántos de los que hemos considerado amigos han sido los que han provocado que fuéramos motivo de burla en la escuela o instituto? ¿Habéis pensado que la fama que habéis creado de nosotros nos ha seguido más allá de aquel momento? 

Y por último ese círculo, tan innecesario como buscado, el amor. Todos hemos estado enamorados alguna vez, y a todos nos han roto el corazón, no hay mayor misterio. Pero aquí creo que cualquiera que lo lea, entenderá lo que llega a doler un corazón roto.

Aquí no se trata solo de que hayan traicionado tu confianza, sino de que han roto tus sueños, tus esperanzas, tus planes de futuro, tus ilusiones. Por eso jamás renuncio a mi vida anterior, porque cuando esa gente se marcha de tu vida deja un vacío inmenso y no puedes dejar que quede la nada. Todos habremos roto un corazón alguna vez por los motivos que fueran, pero duro es que te lo rompan a ti mismo. 

Cuando entregas tu corazón y lo rompen por primera vez es increíble el dolor que puede llegar a soportar uno. Sin embargo, te levantas, coges los pedacitos y los vuelves a juntar y cuando crees entregárselo a la persona adecuada, te sorprende cómo llegaste a equivocarte. Ves bailar a esa persona sobre los trozos que quedan y te planteas si es mejor que se quede donde está y que nadie lo tenga, porque acabas por no quererlo ni tú mismo. Pero parece que se sigue repitiendo el ciclo hasta que no quede nada, porque lo vuelves a recoger, te esfuerzas en arreglarlo para poder dárselo a esa persona especial, esa que es capaz de distraerte del todo, esa persona que te hace evadirte de los problemas, esa persona que preferentemente hace que esta carta pierda su absoluta validez.

Porque cuando esos sentimientos afloran, la paciencia no espera, la ilusión deja de ser cosa de niños y hasta la razón deja de tenerla. Todos tus esquemas se rompen. Las cosas son diferentes y el estar con esa persona hace que las veas distintas, quizá mejor, quizá solo distintas. Y todo lo que viene de esa persona es más sensible, unas palabras, buenas o malas, no son solo unas palabras. Las cosas duelen más, pero la felicidad es más grande, es el precio a pagar por estar con una persona que te hace sentir maravillas, la capacidad que tiene de herir es la más grande, pero también la de hacer que prefieras mirarla a ella que a la luna.

¿Y el primer beso? ¿Quién puede olvidar el primer beso con esa persona? Pues sí, hay gente que es capaz, y pasas de sentirlo a todo a querer dejar de sentir, cuando ves que ya no eres tú, sino otra persona el motivo de su sonrisa, cuando de la noche a la mañana el “te quiero” deja de tener validez, porque esas horas que habías dedicado a hacer algo que robara una sonrisa cae en el olvido. En ese momento en el que ves que eres uno más, te das cuenta de que te le confiaste todo a una persona que no quería eso, tus secretos, tus miedos, tus inseguridades, tus debilidades, todo lo que temes, ahora lo tenía ella.

Y cuán grande es el dolor que alguien puede sentir cuando lo das todo y a cambio recibes un “solo quiero que seamos amigos”, un “solo quería pasarlo bien”… Una decepción más con la que cargar, y una vez más, tu corazón roto es una de ellas.

En definitiva, cuando todo esto es junta, la sensación que te genera es indescriptible por mucho que lo intente aclarar. No solo es tristeza lo que uno siente, es dolor, desesperación, rabia, miedo, agonía, y todo ello consumiéndote lentamente por dentro. Llega un momento que ni las cosas buenas que te pasan consiguen que te liberes de esa carga, no consigues verlas como antes, porque con cada herida perdías un poco de tu humanidad. Veías morir la esperanza sin poder hacer nada.

Todo eso con cosas a las que quizá no le dabais la suficiente importancia, todo eso nos hace sentir muertos por dentro. Y algunos, lamentablemente, por fuera.

Y no quiero acabar sino con un fragmento de mi poema favorito que dice:

«Porque es tan corto el amor,

y es tan largo el olvido,

porque en noches como esta, la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el último dolor que ella me causa,

y estos los últimos versos que yo le escribo».

Roberto Pascual Torregrosa.

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2 comentarios en “Escúchame | Desde el otro lado

  1. Aure dijo:

    Hola Esther! Una nueva sección triste pero muy real, siendo sincera todos hemos pasado por algo de ello y duele, duele mucho. Por eso siempre hay que estar con los que te quieren, tender las manos y pensar en positivo, los que te odian caen en la miseria ellos solos. Un placer leerte preciosa y se feliz. Besitosss

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  2. Erase una devoralibros dijo:

    ¡Hola guapa! Me encanta la iniciativa, este texto me ha gustado muchísimo y me he sentido muy identificada. Es desgarrador y está lleno de sentimiento, felicidades al autor/a. Creo que es totalmente cierto que esta sociedad sumamente egocéntrica no solemos pensar en los demás ni en el efecto que pueden tener nuestras acciones en la vida de los demás.

    Le gusta a 1 persona

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